Carta de una periodista


Carta de una periodista:

¿Sabéis lo único bueno de estar en el paro? Que puedo escribir y hablar de política, hacerlo de verdad, sin tapujos. Porque no tengo que rendir cuentas a un redactor jefe, que a su vez huele bajo la falda de una editora, la cual estira mensualmente la mano tras doblegar cada una de las páginas del periódico que (mal)dirige, ante el empresario de turno. Como en tiempos de caciques, “quien paga, caga” y los demás  más vale que gocemos el estreñimiento.

Estoy harta de la constricción periodística, de la hipocresía de una profesión que ni el “plumilla de turno” es capaz de escaparse de ella, y todo se alimenta en un círculo vicioso en el que muchos se quejan pero malviven porque el conformismo ha ganado la batalla.

Ahora estoy en paro por la crisis, por la reforma laboral, los contratos temporales,  la prolongación de la edad de jubilación, la falta de sueldos y plazas para becarios… pero probablemente en un futuro seguiré siendo una periodista en paro, por hablar demasiado, pensar demasiado y acatar demasiado poco.

Mis colegas de profesión, amordazados, son incapaces de constituir una amenaza al sistema imperante. Sufren un extraño Síndrome de Estocolmo, un letargo indefinido, donde creen representar la voz crítica, sin darse cuenta que siempre es crítica con los mismos y prudente, incluso ensalzadora, con los de siempre.

Me dan igual las excusas  de la crisis de los medios, la refundación del periodismo, la web 2.0, y demás intentos de evitar el problema fundamental: no hay una reflexión sincera y honesta acerca de la relación periodismo y servicio público. No la hay porque no interesa a los bolsillos agradecidos, a los acomodados de sillón y a los que venden su alma al diablo con tal de conseguir el puesto de turno.

Ahora vivo en Asturias, y aquí, como en cualquier lugar del mal llamado “Primer Mundo” ,  en época de elecciones “democráticas”  los periódicos se vuelven, más si cabe, en elementos fundamentales de comunicación. Un poder inigualable a cualquier otro.

En Asturias se presentan 18 fuerzas políticas a los comicios del 22 de mayo, y podríamos decir que sólo tres o cuatro son las privilegiadas de gozar de un espacio real en los medios. El resto no sólo tienen que lidiar con la falta de subvenciones estatales y la innombrable ley electoral, sino que además padecen el síndrome, bautizado por mí, del “letargo periodístico”.  Pero la puntilla del asunto viene cuando, una vez más, son los partidos de la izquierda transformadora los que sufren el mayor silenciamiento mediático.

Desde que estoy aquí, cada día leo la prensa regional, veo telediarios autonómicos y escucho la radio asturiana. Y de lo único que soy experta es de los sitios que ha visitado Álvarez Cascos, las trifulcas del PP, los actos electorales del PSOE y los falsos intentos de recuperar una perspectiva de izquierdas de la hipócrita Izquierda Xunida de Asturias.

Para preservar el sistema capitalista, preservemos también las fuerzas políticas que lo protegen, lo cuidan y lo amamantan con el fervor fundamentalista del que dice lo mismo pero de otra manera, repitiendo el mensaje una y otra vez.

Afortunadamente, como no soy periodista profesional, es decir, no ejerzo como tal, he salido a la calle. Y en las calles de los pueblos y las ciudades de Asturias me he encontrado otra manera de entender la política y la democracia, otra manera de afrontar las corruptas elecciones, otra forma de llegar a los ciudadanos y las ciudadanas.

Algún ejemplo podría ser la coalición formada en Gijón llamada Conceyu d’unidá popular de Xixón, creada para hacer frente al gobierno PSOE-IX dando una visión desde la izquierda combativa, una alternativa para los trabajadores, los parados, las familias sin recursos. Sin medios para grandes eventos ni para pagar páginas en los periódicos, pero con la honestidad suficiente que les permite no tener pelos en la lengua y hablar claro. Eso es lo que pedimos siempre a los políticos, que hablen claro.

También en Oviedo y otros municipios de Asturias como Pola de Lena, Llanes o Cudillero, se presenta Asamblea de Ciudadanos por la Izquierda, una candidatura formada por militantes en distintos movimientos de lucha, comprometidos en sus trabajos, críticos con su entorno y absolutamente dispuestos a hacer política real desde los barrios y las asociaciones vecinales.

Al conocer esta otra realidad respiré hondo, me sentí aliviada. Aunque mis colegas de profesión miraran hacia otro lado, los ciudadanos sólo tenían que salir a la calle, navegar un poco por Internet, usar las redes sociales, visitar otros medios como Kaos, Rebelion, Asturbulla, Asturnews… para no cerrar nunca más los ojos, quitarse la venda y votar con ilusión y coherencia el próximo 22 de mayo.

Justo al salir de un acto de alguna de estas fuerzas políticas que nombraba antes, pude hablar con miembros de las candidaturas y me comentaron que a nivel regional y en otros muchos municipios como Langreo, Siero, Mieres, Laviana, Noreña, Corvera, Tineo, Taramundi… también acudiría a las urnas una nueva marca electoral, el Frente de la Izquierda.

Me sonó muy bien y quise investigar, entonces, al hacerlo, todavía me sonó mejor. La izquierda hace frente, no sólo a los políticas tradicionalmente de derechas, la corrupción urbanísitica, la privatización de los servicios públicos, los recortes sociales, la precariedad laboral… sino también a la mal denominada izquierda que desgraciadamente ejerce en esta región el “pacto del diablo”: PSOE-IXunida.  Este Frente de la Izquierda busca confrontar desde posiciones comunistas, cargados de propuestas socialistas reales, que buscan poner sobre la mesa los problemas sociales y económicos que sufren los asturianos y las asturianas de los cuales casi 100.000 son parados, y eso parece no importarle en exceso a los “grandes partidos” que se reparten la tarta de votos.

Por fin y por primera vez, un enfrentamiento firme al amparo de la “marca”, porque cuando la marca no funciona hay que romper con ella, es la única manera de conservar la coherencia con las ideas. Y son esas ideas las que permiten trabajar con claridad, las que nunca esconden los objetivos honestos, las que mantienen al político íntegro en su labor pública.

Pero claro, esto no agrada, un grano en el culo nunca es de buen gusto, una mosca constante que zumba los oídos de los que han perdido la conciencia y la perspectiva. Y entonces, por tanto, tampoco gusta a los medios, no vaya a ser que ellos no reciban después, durante el resto del año, la parte del pastel correspondiente. Que aquí hay para todos, les dicen, pero olvidando siempre el sentido real de la palabra “todos”.

Atentamente,

Daniela Steklov

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