¿Caza de brujas en Asturias?


Tomado de kaosenlared

 

“En el marco de la embestida neoliberal y el crecimiento de la derecha, se hace imposible defender que a una izquierda débil y a un partido como es hoy el PCE le esté sobrando gente”.
Marta Álamo

A estas alturas de los tiempos, podría tenerse por concluida y remota la triste tradición de alguna izquierda, salpicada de purgas y depuraciones. Ciertamente, el procedimiento no es privativo de ese segmento del espectro político. Desde las prácticas del Santo Oficio hasta las obsesiones macartistas en los años más duros de la guerra fría, la historia está sobradamente documentada de intolerancia y de persecuciones.

Sin embargo, lo que en pleno Siglo XXI lleva a la perplejidad es que en una formación política de izquierdas que recoge en su ideario los derechos humanos, que se ha distinguido en la lucha por las libertades y que se ha desmarcado de los episodios más oscuros de su trayectoria histórica de hace varios decenios, se vuelva a incurrir hoy en la represión para resolver sus problemas políticos internos.

Es cierto que, lamentablemente, la historia de la izquierda ha venido siendo un hervidero de reubicaciones, escisiones y fracturas de todo tipo en una especie de actualización permanente de la “Vida de Brian”, pero otra cosa bien distinta es dar pábulo desde las mismas cúpulas de los partidos a su propia fragmentación por la vía de los expedientes y las expulsiones.

Por eso, seguramente no sobra que la opinión pública progresista de este país sepa la realidad de unos hechos actuales que se pretende mantener en el interior de los despachos de una fuerza política, lejos del conocimiento social y de cualquier valoración pública. Es más que probable que nadie o casi nadie ajeno al PCE tenga noticia de que en este partido, hoy con bastante menguada afiliación, pero no por ello menos destacable entre el conjunto de la izquierda, por su larga trayectoria y su peso específico dentro de IU, se ha desencadenado una masiva oleada de expedientes sancionadores que afectan a alrededor de doscientos militantes pertenecientes a su Federación de Asturias.

En el fondo del conflicto late un profundo desacuerdo político entre la abrumadora mayoría de la Federación asturiana del PCE, la cuarta del Estado español por número de afiliados/as, y la Dirección Federal del Partido, encabezada por José Luis Centella. En efecto, los comunistas asturianos que hace años fueron “desaparecidos”, sin expediente ni defensa posible y en número próximo a los quinientos, de IU de Asturias, habían determinado ejercer su derecho de participación política en las Instituciones presentando sus propias candidaturas, diferentes a las de IU. Se llega así, como final del recorrido, en vísperas ya de las elecciones, a un punto en el que los dirigentes del PCE, que conocían estos propósitos desde hacía tiempo, vetaron la iniciativa, pero los asturianos consideraron que ya era demasiado tarde para detener un proceso multitudinario que llevaba gestándose varios meses.

Desde luego, tiene poco sentido que nadie, desde fuera de esa formación política, se meta a contrastar las razones de fondo de unos y de otros, que probablemente además se encuentren repartidas, pero lo cierto es que hoy estamos en presencia, por acuerdo de la dirección del PCE, de un voluminoso lote de expedientes, con la separación cautelar de la organización, decidida sin dar lugar siquiera a alegaciones de los inculpados, que constituyen una verdadera “caza de brujas”, previa a una prevista ola de expulsiones, y que puede suponer “de facto” la liquidación del actual Partido Comunista de Asturias en su conjunto.

Uno se pregunta, por tanto, hasta dónde llega, por una parte, la incapacidad política de una Dirección para dirigir una organización desde el convencimiento y los argumentos y, por otra, el desatino y el anacronismo que supone, en pleno siglo XXI y con las experiencias vividas por el movimiento comunista mundial a lo largo de su historia, recurrir a la persecución masiva de los “herejes”, a toro pasado, en lugar de favorecer la autocrítica colectiva y argumentada y de mirar hacía el futuro, recomponiendo la organización sobre la base del diálogo y la participación de todos/as. En el marco de la embestida neoliberal y el crecimiento de la derecha, se hace imposible defender que a una izquierda débil y a un partido como es hoy el PCE le esté sobrando gente.

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